Hace poco más de un año, cuando empecé a investigar sobre la infraestructura social que presenta nuestro país. Desconocía cuales eran las necesidades, los problemas y los desafíos que debían enfrentar estas organizaciones. No me llevo mucho tiempo entender lo obvio, el mayor desafío al que se enfrentan las organizaciones sociales, en nuestro país y en el exterior, es el problema del financiamiento. Poco tiempo después, confirme esta dificultad a medida que comencé a entrevistarme con distintos líderes y emprendedores sociales.
Es una opinión personal, pero es una opinión compartida por muchos, el hecho de que en nuestro país (hablo de nuestro país únicamente porque es el escenario sobre el cual estuve y estoy aprendiendo), tienen mayor y mejor acceso a recursos económicos, aquellas organizaciones que cuentan con contactos políticos, mediáticos o aquellas que logran estos recursos por “amiguismos”. Es también una opinión personal, basada en el trabajo y la investigación que vengo realizando hace más de un año, que debido a esto, a la hora de brindar financiación no se pone en primer plano la capacidad de ejecución o de impacto de las organizaciones, las estrategias sociales o las reales necesidades de financiamiento.
Para hacer frente a esta gran necesidad de financiamiento, algunas organizaciones pueden verse obligadas a tomar la decisión de modificar su misión original, la verdadera razón por la cual fueron creadas. Para satisfacer las expectativas y demandas de los grandes grupos de interés que podrían llegar a financiar el trabajo de la organización. Dejando de lado los verdaderos y únicos intereses que importan y que son las reales necesidades de los destinatarios de los programas sociales.
Por otro lado, la desconfianza y el debilitamiento de la imagen que han obtenido las instituciones en nuestro país, lleva a que algunas empresas limiten su vinculación social a unas pocas organizaciones internacionales. Concentrando los recursos económicos en las estrategias y capacidades de ejecución de estas organizaciones, sin darse la oportunidad de conocer el trabajo de muchas otras organizaciones nacionales que tienen una enorme capacidad de impacto y también, un enorme reconocimiento internacional. Entiendo que esta falta de atomización y esta concentración de la inversión social, tiene que ver en parte con el “amiguismo” que mencionamos arriba. Y en parte, tiene que ver con una notable falta de información y una gran desorganización de la misma respecto a la infraestructura social argentina.
Afortunadamente, ante un escenario como el que aquí describo, tenemos una opción. La opción es una oportunidad para pensar y actuar distinto, mejor. Con la esperanza de que actuando de esta manera, con nuestra pequeña contribución, logremos en algún tiempo, cambiar ciertos parámetros, conductas y valores en aquellas personas que tienen en sus manos, el poder y la capacidad de hacer una enorme diferencia.
Estas fueron algunas de las motivaciones que tuvimos para desarrollar Comunidad Mas. Una herramienta que busca fortalecer programas de acción social concretos que tengan una gran capacidad de impacto en su área o foco de acción. Construyendo un nuevo fondo de inversión social que sea capaz de canalizar, de manera permanente, recursos económicos a un conglomerado de organizaciones sociales que implementen distintas estrategias para abordar diversos focos de acción y distintas emergencias sociales.
Entonces, cual es nuestro desafio?
Poner los recursos en manos de aquellos que sepan utilizarlos realmente bien. Pero también debemos lograr canalizar de manera eficiente, información organizada y oportuna al sector privado. Entendiendo que esta es la única manera que tenemos de lograr atomizar la inversión social en nuestro país.
Te invito a que leas las entradas de Comunidad Mas – El Comienzo ; Comunidad Mas y el Sector Privado

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